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Hay que formar un proyecto para estar en División de Honor B en cuatro o cinco años
20-02-2009
Carlos García.
Coordinador de las escuelas del Club Balonmano Base Oviedo
Oviedo,
Marco RODRÍGUEZ
Desaparecido el histórico Balonmano Naranco, la difícil tarea de retornar a la élite nacional en el deporte del balonmano en la capital del Principado recae en la actualidad en el Club Balonmano Base Oviedo. Con más de una década de historia, el club que preside José Rionda posee cantera y estructura para realizar el intento, pero todos son conscientes de que la empresa se antoja complicada, y en todo caso, a largo plazo.
Al margen del primer equipo, que hoy en día se asienta en un combinado de jugadores contrastados con el apoyo de la empresa que apadrinó al Naranco en los últimos años, Lacera, existe debajo una pirámide que debe solidificarse para que el proyecto sea viable. Uno de los pilares que desde el club se consideran clave es la estructura de las escuelas deportivas, la base de la pirámide.
Para ese complicado trabajo, los dirigentes del Base Oviedo se han fijado en el gijonés Carlos García Fernández. A sus 30 años, Carlos ya atesora una importante trayectoria en el balonmano asturiano y nacional de cantera, habiendo pasado por la práctica totalidad de estamentos. Como jugador se formó en el Colegio Inmaculada, el club de su corazón, donde llegó a jugar en Segunda con el primer equipo. De aquí dio el salto al Deportivo Gijón, llegando a debutar en la División de Honor B.También militó en el Naranco de 2.ª División y en el Academia Civil, hasta que una lesión de rodilla y unos problemas en el pubis le apartaron de las pistas.
A partir de aquí se volcó en su faceta de entrenador -que había compaginado con la de jugador durante años-, tanto de club como de selecciones regionales. Su gran éxito hasta la fecha ha sido la consecución del título de campeón de España infantil con el Colegio Inmaculada. También hizo tareas de delegado, incluso de colegiado, arbitrando dos temporadas en 1.ª División, la categoría de bronce del balonmano español. Este perfil le hacía un candidato idóneo para reforzar la estructura de cantera, reto que afronta ilusionado, y con las ideas claras. Su tarea será entrenar a los equipos juvenil e infantil A, coordinar las escuelas deportivas y colaborar en las tareas administrativas.
-¿Cómo surgió el cambio a Oviedo, después de una vida ligada al balonmano gijonés?
-En el capítulo de clubes es así, pero en mis diferentes etapas en las selecciones territoriales tuve en permanente contacto y llegué a crear amistad con Alberto García y José Ramón Villa, desde siempre ligados al Base Oviedo. Mi amistad con ellos facilitó que me embarcara en este nuevo proyecto. El trato con ellos y varias cosas que se juntaron hicieron viable lo que al principio sólo me planteaba como una posibilidad. En el Colegio Inmaculada estaba muy a gusto, es mi casa, pero también tenía la inquietud de vivir el día a día de un club como tal. El proyecto y la gente me animaron a decidirme.
-¿Qué se encontró?
-En Asturias somos pocos, y un poco más o menos sabes lo que se cuece en cada sitio. En el resto de Asturias, y en Gijón sobre todo, el balonmano es crítico con Oviedo. Existe la creencia de que existe un potencial de cantera, de instalaciones, que no se aprovecha al máximo. Con el tiempo vas hablando del asunto, ves los pros y los contras, y ahora desde dentro ves los problemas reales con los que se encuentra el balonmano en Oviedo. Sabes que si trabajas bien, al final de ese trabajo hay un gran premio. Pero es muy difícil. Son muchos centros, muchos colegios, y coordinar todo eso para que reme en el mismo sentido es complicadísimo. Se ve que hay muchísimo trabajo detrás, y mucho potencial.
-¿Qué cambiaría entonces?
-Es prioritario mejorar la estructura general. Y esto empieza por la comunicación en nosotros. Poniendo como ejemplo el Colegio Inmaculada, de donde vengo, allí se conocen todos los jugadores, todos los equipos ven a sus compañeros, desde los más pequeños hasta el primer equipo, y creas una cultura de amor a esos colores, el aprendizaje ya llega casi sin querer. Éste es otro mundo, implicaría un desplazamiento entre pabellones, ajuste de horarios, pero debe ser así, porque esa cultura es muy positiva. Sería dar el salto del bien al muy bien. En las escuelas deportivas me voy a volcar. Se deben cuidar todos los detalles, empezando por los monitores. Debemos llevar un control sobre cómo se les transmiten los conceptos a los jugadores desde el primer peldaño, que es el fundamental. Entrenador y jugadores deben estar motivados, y sentir que desde el club se les apoya y se les sigue. Eso Oviedo lo tuvo, y ahora queremos recuperarlo. Queremos que la cantera, ya desde los colegios, tenga fuerza, pero somos conscientes de que será difícil, nos hemos quedado huérfanos sin el Naranco. Estamos solos, deportivamente hablando, para ese objetivo.
-¿Qué siente un amante del balonmano ante la desaparición de un histórico como el Naranco?
-Es una pérdida importante. Unos se alegrarán y otros habrán cogido un fuerte disgusto, pero es el reflejo de cómo está el balonmano y el deporte en general. Era un secreto a voces. La planificación deportiva no fue la correcta en los últimos tiempos, y si a eso le unes una mala gestión económica, el resultado es el que fue. Somos un deporte minoritario. No hay margen de error. Es una verdadera pena que desaparezca un equipo de referencia, con años en la élite.
-¿Podrá cubrir el Base ese hueco?
-Es muy difícil. Es prioritario que este año el primer equipo dé el salto a Primera. Sería un espaldarazo en el aspecto representativo, para la ciudad, y económico para buscar mayor apoyo en cuanto a patrocinadores. Se ha confeccionado un equipo formado por jugadores con experiencia en División de Honor B, incluso Asobal, y la mayoría de Oviedo, lo que es muy importante. Sería un batacazo no subir. A partir de ahí habría que formar otro proyecto para estar en la División de Honor B en cuatro o cinco años. Más arriba ahora sería impensable, incalculable. Y sobre todo, cimentar bien la base. Ése es el futuro.
